LOS MOVIEMINTOS ANTIVACUNAS: UNA AMENAZA PARA LA CALIDAD SANITARIA DE LA POBLACIÓN

Informarse con su médico, o con medios de comunicación vinculados a Salud. La vacunación no solo es un acto benéfico para el individuo sino también para la comunidad



Dra. Daniela Hozbor. Profesora Titular FCE UNLP. Investigadora Principal CONICET (IBBM-FCEUNLP). Coordinadora Subcomisión Vacunología Asociación Argentina de Microbiología


La evidencia sobre los éxitos de la vacunación en combatir las enfermedades infecciosas que amenazan la vida, es vasta y muy clara. La misma se viene recopilando desde el desarrollo, hace más de 200 años, de la primera vacuna por Edward Jenner (1749-1823) contra una enfermedad que devastó a la humanidad, la viruela. En la actualidad, y desde 1980, no tenemos que preocuparnos por esta enfermedad gracias al notable trabajo de Edward Jenner y los desarrollos posteriores que lograron con la vacunación masiva erradicar de la faz de la tierra a dicha enfermedad. A partir de aquel desarrollo inicial, y luego de muchos años de investigación científica, se han generado con éxito y puesto a disposición de la población un gran número de vacunas que han permitido protegernos de enfermedades infecciosas tan graves como el sarampión, la tos convulsa, las meningitis, la rubéola, la polio, el tétanos, etc., etc., etc.


Con el uso de estas vacunas no sólo se lograron controlar enfermedades sino que en varias regiones se consiguió eliminarlas. Argentina y la región de las Américas, por ejemplo, logró luego de efectuar una vacunación masiva durante 22 años contra el sarampión, que en 2016 se certificara la eliminación de la enfermedad en la región.


Los beneficios aportados por las vacunas han sido y siguen siendo enormes, como lo indican los siguientes números: han evitado más 700 millones de enfermedades y más de 150 millones de muertes, y se espera que durante el período 2011-2020 las vacunas salven 25 millones de vidas: 2.5 millones/año, 7000/día, 300/hora y 5 vidas por minuto. Sin embargo, existen amenazas que pueden menguar los éxitos alcanzados.


Los movimientos antivacunas representan una de estas amenazas que cada día resultan más preocupantes. Estos movimientos constituidos por personas que de manera irracional no creen en los beneficios que pueden aportar las vacunas existen desde la implementación de la vacunación masiva hace muchos años. Son grupos muy activos y reivindicativos, que aportan información no contrastable y acientífica, que siembran desconfianza en una parte de la población llevando a una reducción de las coberturas vacunales recomendadas para el control de las distintas enfermedades.


En sus comienzos estos movimientos difundían sus mensajes en un contexto familiar, personal, cercano, mediante la utilización de propaganda tipo panfletos para luego pasar a la comunicación de masas como las charlas o mítines. Posteriormente fueron utilizando los avances sociales como prensa, revistas, radio y televisión. Hacia finales del siglo XX, con la aparición de internet y su uso cada vez mayor, los movimientos antivacunas logran exponer sus teorías más eficazmente ya que los mensajes que divulgan por esa vía están siempre presentes para quien los quiera consultar y además no tienen ningún filtro ni revisión sobre los contenidos expuestos.


Movimientos antivavunas: argumentos sin evidencia


Hace poco más de una década los movimientos antivacunas cobraron impulso a raíz de la publicación de un estudio con un número reducido de niños que mostraba una asociación entre la vacuna del sarampión y el autismo (trastorno neurológico del desarrollo). La distorsión de los datos presentados en aquel artículo y una docena de estudios con un número mayor de individuos muestran de manera concluyente que no hay ninguna asociación entre dicha vacuna y el autismo por lo que quedó desacreditado el artículo y el autor principal del mismo. Sin embargo, los movimientos antivacunas persisten con una serie de argumentos que carecen por completo de evidencia y en muchos casos solo están impulsados por fanatismos. Las consecuencias negativas en la sanidad de la población de las acciones de estos movimientos lamentablemente han sido y se están evidenciando. En los años 1999-2000 por ejemplo, se detectó en Estados Unidos un brote de sarampión en una escuela perteneciente a una comunidad religiosa que no acepta las vacunas. Otro brote se detectó en 2005 en Indiana (Estados Unidos) como consecuencia de que una niña que no estaba vacunada regresó de Rumania infectada de sarampión y provocó el contagio de otros niños que no habían sido vacunados, ya que sus padres creían que la vacuna era peligrosa para sus hijos. En Estados Unidos, el brote más reciente de esta enfermedad se produjo en Disneylandia en 2014 cuando se contagiaron más de 40 personas extendiéndose la enfermedad por varios estados norteamericanos. En Italia en solo un año (2017), el número de casos de sarampión aumentó a 5.006, cuando en 2016 se habían registrado 843 casos. Italia tuvo la tercera tasa de sarampión per cápita más alta de Europa después de Rumanía y Grecia, que son países mucho más pobres.


La vacuna contra el sarampión en Italia se introdujo en 1976. El porcentaje de cobertura había aumentado constantemente a más del 90 por ciento en 2003.


Pero la obligación se alivió en 1999, porque Italia había creído erróneamente que se había arraigado la confianza en la ciencia y las vacunas.


Brotes de sarampión


En la región de las Américas en los últimos dos años también se registraron casos de sarampión. El regreso de la circulación del virus endémico del sarampión a un país de la región, así como los brotes actuales, son una muestra de que existen brechas en la cobertura de vacunación en donde tienen su accionar los movimientos antivacunas. Estas brechas se deben cerrar en forma urgente. El ejemplo del sarampión es muy claro, con datos por demás preocupantes ya que se habla de un aumento de casos en 2019 respecto del año anterior de casi el 300% a escala mundial (según datos de la Organización Mundial de la Salud). Si bien estos datos son provisionales y aún no están completos, indican una tendencia que sigue a los aumentos consecutivos en los últimos dos años en la cantidad de casos, causando muchas muertes, principalmente entre niños pequeños. Es claro que para hacer frente a esta problemática contamos con una herramienta que debemos accionar de manera permanente: el acceso y la divulgación de información sólida y contrastable sobre vacunas. Los datos epidemiológicos comparativos entre la era prevacunal y la vacunal y los estudios de costo-efectividad son sin dudas datos inobjetables que muestran el beneficio que el uso de las vacunas conlleva.


El ciudadano debe informarse con su médico, y no a través de personas o medios de comunicación no vinculados a Salud. La vacunación no solo es un acto benéfico para el individuo sino también para la comunidad. Las vacunas son un derecho y una obligación.






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