Bioseguridad en situaciones de crisis económica y social


Pedes in terra ad sidera visus. Con los pies en la tierra y la mirada en las estrellas. Lema de la Universidad Nacional de Tucumán.

Dr. Horacio Micucci
Dir. del Programa de Bioseguridad, Seguridad en instituciones de Salud y Gestión Ambiental - FBA


Nuestro país vive duros momentos en su economía y su estructura social. Como bien describe el Presidente de la Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires Dr. Claudio Cova, en el Editorial del número 615 de FABA Informa (diciembre de 2023):


“Estamos en un momento distinto a todos, la incertidumbre alcanzó su punto más alto, las reglas de juego aún no están claras, día a día vemos que el rumbo de este barco llamado `Sistema de Salud´ no tiene puerto asignado, lo cual dificulta al extremo todas las gestiones que permanentemente hacemos para poder recuperar el valor que realmente necesitamos de las prestaciones bioquímicas. Todo el sector está en una situación de falta de información e indefensión inéditas, se requiere de prudencia extrema pero también de firmeza y presencia en todos los ámbitos donde se discute el futuro de nuestro sector.”

Cabe preguntarse ¿se pueden cumplir normas de Bioseguridad en esta situación?


La respuesta es sí. Pero la condición es insistir en el lema que adoptamos desde nuestros comienzos: “Un modelo de gestión que pueda ser empleado, no como una colección de ideales, o de `lo que debería ser´ sin anclaje en la realidad cotidiana del sistema de salud.”


La experiencia realizada por BIOSEGA durante la pandemia nos mostró lo justo de esa convicción. La iniciativa de nuestra Guardia Pasiva Permanente para atender las consultas de los laboratorios del país ante problemas de bioseguridad, que implicó una atención continua desde los teléfonos personales de los integrantes de BIOSEGA, nos dejó enseñanzas que se pueden aplicar en la actualidad. Se pueden sintetizar en los siguientes ítems.


1- La bioseguridad es un triple derecho


Es un derecho de los que trabajan en salud de tener condiciones de trabajo que minimicen el riesgo de la actividad diaria. Es un derecho de los pacientes que concurren a los laboratorios de no contaminarse en ellos. Y es un derecho del entorno de los establecimientos, el ambiente que incluye a los seres humanos que lo integran, a no ser afectado.


Este triple derecho es inviolable. Pero eso exige analizar el tema aplicando la triada epidemiológica MOMENTO – LUGAR – PERSONA: ¿en qué situación personal, social, geográfica, económica, histórica, etc. vive el bioquímico? Esto no significa abandonar o suspender provisoriamente el triple derecho mencionado. Implica agudizar el ingenio para hacer posible la necesidad de cumplir el triple derecho mencionado.


2- Tecnología Apropiada


¿Qué es tecnología? Etimológicamente proviene de dos palabras griegas: techne que quiere decir arte y habilidad aplicada y logos que quiere decir conocimiento.


Pero de inmediato surgen preguntas: ¿Tecnología es sólo el artefacto o la máquina (“hardware”)? ¿Y el software no es tecnología? Hoy se reconoce que hay tecnologías duras (las primeras) y blandas (las segundas). Entre estas tecnologías “blandas” hay tecnologías de comercialización, de logística, de distribución, de diseño y evaluación de proyectos sociales, etc.


A menudo nos encontramos con legislación, normas y reglas de difícil aplicación en nuestra situación. Porque fueron hechas para otras realidades, porque fueron redacciones “librescas” alejadas de la práctica cotidiana, porque es muy oneroso obtener normas que tienen un alto costo para la gran mayoría de los bioquímicos que actúan en la actividad pública y privada de Argentina hoy, etc.


Esto se nos apareció muchas veces en la pandemia. Se publicitaban consejos sobre el uso de aparatos o sistemas que la inmensa mayoría no tenía (situación que pudimos comprobar). Y recibíamos angustiados mensajes preguntando qué hacer. Entonces tuvimos que encontrar soluciones para cada caso, privilegiando el cumplimiento del triple derecho mencionado más arriba. En muchos casos se nos pidió ayuda desde establecimientos del interior profundo de Argentina, diciendo que no podían dejar de atender a pacientes para los cuales eran (y siguen siendo) el único recurso sanitario en 100 kilómetros a la redonda. Otras veces eso mismo ocurría en zonas urbanas que rodean a la Capital, en establecimientos de envergadura. Cuando decidimos ampliar nuestra acción al ámbito educativo nos ocurrió lo mismo con escuelas y colegios en condiciones deficientes.


Y, entonces, aplicamos el concepto de TECNOLOGÍA APROPIADA que postula la OMS para su Estrategia de Atención Primaria de Salud y también la Organización Internacional del Trabajo (OIT).


Es importante tener en cuenta que la tecnología no es de validez universal. Las distintas tecnologías dependen del contexto y las necesidades concretas que deben resolver. De allí surge el concepto de Tecnología Apropiada de la OIT, la OMS y la ONU. Una tecnología, para responder a tal calificación, debe tener tres características. Debe ser:


a) científicamente válida,
b) técnicamente eficaz y
c) socialmente aceptable.


Lo anterior significa que no basta con el carácter científico de la misma, sino que debe lograr los efectos esperados en el lugar donde se aplica, en la máxima cantidad en relación con los medios utilizados. Pero, además, debe corresponderse con el contexto social global del lugar donde se aplica. Ergo, no hay tecnología de validez universal. Debe ser evaluada en función de las necesidades de cada caso. Lo anterior nos lleva a que es necesario decidir qué tecnología se compra o se desarrolla, de acuerdo a un proyecto de país y a su objetivo nacional y social. Las soluciones tecnológicas no son universales, son particulares y contextualizadas, por definición.


Desde esta visión pudimos aconsejar técnicas y elementos simples, de fácil adquisición o construcción, que pudieran resolver la situación. Y, en el fondo, no hicimos más que aplicar lo que en atención a problemas existentes, habíamos desarrollado con anterioridad.


3- Educación y entrenamiento


¿Y dónde reside la tecnología? ¿Sólo en la máquina o también en el ser humano? ¿Y si residiera principalmente en este último? ¿Sirve el mejor instrumento sin el humano capaz de manejarlo? En el inicio ¿quién diseña y construye ese instrumento sino es el humano?


Partiendo de la última concepción, los aspectos educativos del trabajador de la salud, deben ser privilegiados. No se trata de la disciplina del miedo. Sino de obtener disciplina consciente en el operador. Y para eso hay que explicar, fundamentar, convencer. Porque estamos ante un sujeto pensante y no ante un “recurso” o “capital humano”, un objeto no pensante.


A modo de epílogo provisorio


Todo lo anterior pone en tela de juicio la manera en que debemos evaluar los casos e instituciones que se nos presentan. Podemos hacerlo según el concepto de evaluación de H. Pabon: Es la sistemática para medir un fenómeno o el desempeño de un proceso, comparar el resultado obtenido con los criterios establecidos y hacer un análisis crítico, considerando la magnitud de la dirección de la diferencia.


Pero hay una concepción distinta que muestra la siguiente definición de R. S. Silva y D. Brandão: “Entendemos a la evaluación como la elaboración, la negociación, la aplicación de criterios explícitos de análisis, en un ejercicio metodológico cuidadoso y preciso, con vistas a conocer, medir, determinar y juzgar el contexto, el mérito, el valor o el estado de un determinado objeto, con el fin de estimular y facilitar procesos de aprendizaje y de desarrollo de personas y de organizaciones.”


En la primera definición, correspondiente a una visión clásica, se pone el énfasis en las acciones de medir, comparar, analizar y diferenciar. Es de destacar que en ella lo dominante es que aparece una actividad sin sujetos pensantes. En la segunda definición, se enfatizan acciones como elaborar, negociar, usar criterios explícitos, efectuar procesos de aprendizaje y de desarrollo de personas y de organizaciones.


Nosotros elegimos la segunda concepción porque, a fin de comprender el desarrollo de una cosa, debemos estudiarla por dentro y en sus relaciones con otras cosas; dicho de otro modo, debemos considerar que el desarrollo de las cosas es un automovimiento, interno y necesario, y que, en su movimiento, cada cosa se encuentra en interconexión e interacción con las cosas que la rodean.


De acuerdo a lo anterior continuaremos elaborando Recomendaciones de Bioseguridad fáciles de cumplir, económicamente accesibles, que contemplen la necesidad sanitaria de la población.


Porque estamos hablando de salud.



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