16 de Octubre: Día mundial de la alimentación

Las grasas trans aumentan el riesgo de sufrir Alzheimer


Un estudio científico analizó la dieta de 1600 personas durante 10 años y encontró que la presencia de niveles elevados en sangre de estas grasas puede aumentar entre un 50% y un 75% las probabilidades de desarrollar Alzheimer o demencia por cualquier causa. Estas grasas están presentes en muchos alimentos procesados




Las grasas trans son un peligro real para la salud ya que suelen estar presentes en grandes cantidades dentro de alimentos elaborados industrialmente con aceites vegetales (aceites parcialmente hidrogenados mediante un proceso por el que el aceite líquido se convierte en grasa sólida). Las comemos en snacks salados, papas fritas, palitos, galletitas, magdalenas, margarinas, barras de cereales, pizzas, hamburguesas, empanadas y varios productos precocidos, entre muchos otros alimentos procesados. Se utilizan en la industria alimentaria para aumentar el tiempo de conservación de los alimentos con una ideal frescura y textura.


Además de su probada vinculación a sufrir enfermedades cardiovasculares, podrían ser responsables de un mayor riesgo de Alzheimer. Según un estudio publicado en la prestigiosa revista científica Neurology ( October 23, 2019, DOI: https://doi.org/10.1212/WNL.0000000000008464), la presencia en niveles elevados en sangre de ácido graso elaídico (trans 18:1 n-9) puede aumentar entre un 50% y un 75% las probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer o demencia por cualquier causa.


Un estudio japonés


Investigadores de la Universidad de Kyushu, en Fukuoka (Japón) analizó a 1628 personas japonesas de 60 años o más sin demencia durante un período de 10 años (2002 a 2012). Se realizó un análisis de sangre para los niveles de grasas trans al comienzo del estudio y se registraron sus dietas.


Posteriormente, los científicos ajustaron otros factores que podrían afectar el riesgo de demencia, como la presión arterial alta, la diabetes y el tabaquismo. Allí, descubrieron que las personas con los niveles más altos de grasas trans tenían entre una probabilidad de un 52% y un 75% mayor de desarrollar demencia que aquellas con los niveles más bajos. Durante el seguimiento, 377 participantes desarrollaron algún tipo de demencia.


“La política de salud pública para reducir los ácidos grasos trans producidos industrialmente puede ayudar en la prevención primaria de la demencia”, explicó Toshiharu Ninomiya, profesor de la Universidad de Kyushu, y autor del trabajo. Y advirtieron: “Las personas con más riesgo deben prestar mucha atención a las etiquetas nutricionales”.


En el estudio japonés, los investigadores encontraron que los pasteles fueron los que más contribuyeron a los niveles más altos de grasas trans. Le siguió la margarina, caramelos, croasanes, cremas no lácteas, helados y galletas de arroz.


Restricciones


En la Unión Europea, a partir ahora, con fecha límite 2 de abril de 2021 ningún alimento industrial a la venta en la UE podrá contener más de dos gramos de grasas trans por cada 100 gramos de grasa, debido a su relación con un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes u obesidad.


La OMS estima que cada año la ingesta de grasas trans causa más de 500.000 muertes por enfermedades cardiovasculares.


Todos los alimentos empacados llevan una etiqueta con información nutricional que incluye el contenido de grasas. Los fabricantes de alimentos están obligados a detallar las grasas trans en las etiquetas de información nutricional y en las de algunos suplementos. En este contexto, la nutricionista Agustina Murcho especificó qué dice Código Alimentario Argentino respecto a las grasas trans: “El código establece que el valor de grasas trans de un alimento no puede superar más del 2% de grasas trans”.


Los ácidos grasos trans de producción industrial, conocidos generalmente como “grasas trans”, han sido definidos por la Comisión Mixta FAO/OMS del Codex Alimentarius como “ácidos grasos insaturados que contienen uno o varios enlaces dobles aislados (no conjugados) en una configuración trans”. Se generan durante la hidrogenación parcial de aceites vegetales líquidos para formar grasas semisólidas que se emplean en margarinas, aceites para cocinar y muchos alimentos procesados, como por ejemplo algunos productos de panificación (como hojaldres), amasados de pastelería, copetín, galletitas, alfajores y productos con baño de cobertura, entre otros. Las grasas trans también se generan “naturalmente” en pequeñas cantidades por la acción de microorganismos presentes en el estómago de los rumiantes (por ejemplo, ganado bovino, ovino y caprino). Sin embargo, esta forma de grasas trans supone un mínimo aporte (>0,5% del total de energía) de la cantidad total de grasas trans consumidas, y no tienen los efectos perjudiciales como las de origen industrial. Las grasas trans resultan atractivas para la industria de alimentos debido a su tiempo de conservación prolongado, su mayor estabilidad durante la fritura y su mayor solidez y maleabilidad para el uso en productos y dulces de repostería.


Efectos de las grasas trans en el organismo


Si bien ofrecen ventajas a la industria de los alimentos, las grasas trans tienen efectos adversos para la salud humana: aumentan el riesgo de las enfermedades cardiovasculares, de muerte súbita de origen cardíaco y de diabetes mellitus. Esto se debe a que provocan un incremento en sangre del colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”). Su exceso tiende a adherirse y engrosar las paredes de las arterias y venas de todo el organismo, incluyendo corazón y cerebro. A la vez, esto conlleva a la disminución del colesterol HDL (conocido como “colesterol bueno”), lo que provoca una disminución en la capacidad para regular, eliminar y reciclar el colesterol. Estudios científicos de la Organización Mundial de la Salud han revelado que la ingesta diaria de 5 gramos de grasas trans es suficiente para aumentar en un 25% el riesgo de enfermedades cardiovasculares.










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