• Dr. Stanley Prusiner

Enfermedades priónicas, trastornos neurodegenerativos


Las medidas sanitarias y la regulación de la cadena alimentaria han contribuido a la casi desaparición del mal de la vaca loca


El Dr. Stanley Prusiner había sido considerado un hereje por pensar que un agente infeccioso podría replicarse sin poseer material genético.


A 25 años de la entrega del Premio Nobel al Dr. Stanley B. Prusiner, profesor de Neurología y Bioquímica de la Universidad de California, por la descripción de la enfermedad de Creutzfeldt–Jakob (el mal de la vaca loca), el tema de los priones quedó casi en el olvido para el común de la gente. Afortunadamente, las medidas sanitarias y la regulación de la cadena alimentaria han contribuido a la casi desaparición de la enfermedad. Ésta se adquiere por consumo de carne bovina contaminada con priones por haber sido obtenida de ganado que padecía una encefalopatía espongiforme.


Las enfermedades priónicas se clasifican en esporádicas (85%), genéticas (10-15%) [ debidas a mutaciones en el gen de la proteína priónica (PRNP)] y adquiridas (excepcionales) (1).


Las enfermedades priónicas adquiridas, también conocidas como encefalopatías espongiformes transmisibles, son trastornos neurodegenerativos progresivos e irremediablemente fatales. La esperanza de vida media es de seis meses, pero hay gran variabilidad en la duración del curso clínico de la enfermedad (desde semanas hasta años). Esto fue lo que generó el impacto mediático en la década de los 90 y que provocó el reconocimiento del Dr. Prusiner por la comunidad científica.


Agregación de una proteína priónica mal plegada


La causa de estas enfermedades es la agregación de una proteína priónica mal plegada, (PrPSc, del inglés: prion protein scrapie). PrPSc es la isoforma conformacional anormal de la proteína priónica celular normal (PrPc) ubicada en la superficie celular de neuronas del sistema nervioso central, cuya función exacta sigue siendo desconocida. PrPSc es capaz de propagarse y agregarse en el tejido cerebral, es neurotóxica y su acumulación conduce a la degeneración y a la desorganización sináptica, lo que induce a la pérdida neuronal y a los cambios espongiformes. De hecho, se ha informado una reducción de más del 30% en el índice sináptico relativo en cerebros afectados por enfermedades priónicas (1).


En la enfermedad adquirida, un prion transmitiría su información estructural infecciosa a su contraparte no infecciosa normalmente plegada, lo que conduciría a la propagación de dicha enfermedad (2).


Casi el 90% de los casos esporádicos se deben a la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob esporádica, con una incidencia de cerca de 1,5-2 casos por millón de personas por año.


Además de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob familiar, las causas genéticas incluyen el insomnio fatal familiar (IFF) (del cual también hay una forma esporádica muy rara), la enfermedad de Gerstmann-Straüssler-Scheincker (GSS) y la enfermedad de Huntington 1 (HDL1) (1).


Independientemente del tipo de prionopatía, el diagnóstico precoz es un reto debido a la gran variabilidad fenotípica. Los síntomas más frecuentes son la demencia rápidamente progresiva, la ataxia cerebelosa y las mioclonías.


Diagnóstico


El diagnóstico se basa en biomarcadores neurofisiológicos (electroencefalograma o polisomnograma), neuroimágenes (resonancia magnética nuclear o tomografía por emisión de positrones), estudios genéticos relativos al gen PRNP y biomarcadores en líquido cefalorraquídeo y plasma (niveles de la proteína 14-3-3 y otros) (1).



Referencias bibliográficas


Altuna M, Ruiz I, Zelaya MV, Mendioroz M. Role of biomarkers for the diagnosis of prion diseases: a narrative review. Medicina (Kaunas). 2022 Mar 25; 58 (4): 473.


Ma J, Wang F. Prion disease and the 'protein-only hypothesis'. Essays Biochem 2014; 56: 181-91.


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